Jorra i Gomorra – Vellut i purpurina

Vinilo y digital | Enero 2020

No he estado nunca en la habitación de Jorra Santiago, pero me gusta imaginarla como una especie de templo. Poco decorada, con una cama, un escritorio, material de grabación desordenado, un póster de El Último de la Fila y un balcón que da a la plaza de la Iglesia de Manacor (si es que existe). Es desde esta estancia inmóvil que el músico ha visto nacer canciones, discos e ideas que aún flotan en el aire. En Vellut i purpurina, su segundo larga duración y tercera referencia con Bubota, parece fijarse en el brillo de los rayos de sol que entran en horas muertas por la ventana y se estiran sobre las sábanas. De la admiración de esta perezosa estampa sale un disco heterodoxo y juguetón, como sólo el aburrimiento sabe hacer.

La habitación es un punto de partida del que también se ha de salir. Es verdad que los primeros discos de Santiago habían sido hechos íntegramente entre las cuatro paredes de su cuarto, y que la mitad de canciones de este nuevo álbum son fruto de la combinación bata-vaso-guitarra-y-ordenador, pero hay mucha vida extramuros. Pep Toni Ferrer y Michael Mesquida se han vuelto a encargar de la producción en los estudios Favela, limando las primeras mezclas caseras y grabando al completo la banda de amigos reclutada de nuevo. Los hermanos Dani y Carlos Òscar Gómez, a la batería y la guitarra, Toni Llull a las percusiones y los teclados y Biel Riera al bajo conforman Jorra i Gomorra y han grabado la otra mitad de Vellut i purpurina.

Así, nos topamos con un disco que, sin quererlo, se convierte en el más ambicioso de la banda. Diez canciones que invocan muchos paisajes, todos ellos impregnados por el pop radiante e iconoclasta que no se puede separar del ADN de Santiago. Entre todos estos mundos posibles, destaca el viraje hacia los sintetizadores y las cajas de ritmos que ya se intuía en el anterior EP A Manacor (premio Enderrock al mejor disco revelación del 2019). Jorra intenta aproximarse al nuevo pop independiente catalán de El Petit de Cal Eril o Ferran Palau y en el intento aparece la personalidad genuina del músico: su humor inteligente, la sensualidad plácida de un Barry White manacorí y, en definitiva, su genio. Algunas pruebas de este giro electroacústico son «Websurfing», «El desig» o «Gotes de sang».

Pero quien busque el rock independiente de toda la vida también lo encontrará. La parte registrada conjuntamente no olvida nombres como Guided By Voices ( «Independents» parece un homenaje a la banda de Dayton) o Els Pets ( «Monument» podría haber sido compuesta por el mismo Gavaldà). Escuchando el disco atentamente también te vienen ecos de George Harrison (la guitarra de «Que brufin» parece hecha por el Beatle) o de Lou Reed: la diferencia es que el primero es un vicioso que te quiere pegar con una flor y, en cambio, Jorra te quiere regalar una (tal como canta en «Cançó nyonya»).

Se nota que las letras de este disco son fruto de horas, pero también que el esfuerzo no tiene por qué hacerte perder el buen humor. Una de las novedades líricas es que todas las canciones están en primera o segunda persona, de esta manera se universaliza el mensaje para que la voz cantante puede ser la de cualquiera. Fuera las fronteras de género, bienvenidas sean las bromas inteligentes, los embelesamientos deslumbrantes por alguien o algo y la reivindicación del no-hacer-nada. La canción «Una sesta entre les canyes» no podría ser más representativa, aunque Santiago coja los versos de un poema chino traducido por Apel·les Mestres. Y es que la adaptación de poemas también es un nuevo hito cumplido con creces: los versos de Joan Serra (hermano de Miquel Serra) también se parafrasean en «Gotes de sang».

Quizás queríais un disco completo, complejo, con varias caras, pero que no dejara de ser divertido? Pues aquí lo tenéis. Jorra se supera, y eso que era difícil, porque en 10 años ha colaborado con muchos proyectos destacados de la escena independiente mallorquina (Miquel Serra, Pujà Fasuà, Roig!, Pistola) y, fundado Jorra i Gomorra, no ha parado de sacar canciones que te dan ganas de vivir, pero de hacerlo tranquilamente. La habitación de Jorra debería ser patrimonio de la humanidad.