Joana Gomila – Paradís

CD y ditital | Marzo 2020

Cuando publicó Folk Souvenir, Joana Gomila sacudió el mundo de la música tradicional con una manera de hacer las cosas tan personal como atrevida. Ha habido pocos discos que hayan capturado de manera tan fiel el alma misma de las canciones de campo mallorquinas, en parte y paradójicamente, por su capacidad de liberarlas de los corsés y reimaginar-las desde puntos de vista caleidoscópicos.

En su nuevo trabajo, Paradís, Gomila parte de un nuevo formato a dúo con Laia Vallès junto a quien, con un sonido expansivo y transgresor (teclados, sintetizadores, samplers), profundiza en el espíritu de investigación y experimentación que dio impulso a su debut a la vez que amplía su lenguaje sonoro incorporando canciones de composición propia que nos obligan a replantearnos todo lo que sabíamos de ella y la clase de artista que tenemos delante.

Porque este segundo trabajo es un artefacto ambicioso y complejo: Paradís es un disco que se mueve en círculos excéntricos, que a partir de puntos en común crea nuevos círculos, nuevas islas de significado y reflexión: sobre cómo cada uno de nosotros es un isla y sobre nuestra necesidad de formar archipiélagos.

También es un disco sobre una isla, Mallorca, y ser de una isla.

Los nacidos aquí somos poco conscientes de hasta qué punto haver nacido en una isla es tanto un estado mental como geográfico. De hecho, cuenta Joana Gomila que ella nunca se sintió identificada con el imaginario fantástico sobre islas, con lo que leemos en los libros o vemos en el cine y la televisión, que nada tenía que ver con su manera de vivir la insularidad, bastante más inconsciente, natural y mundana que la de Robinson Crusoe: para los mallorquines, Mallorca es un lugar bastante normal, al menos la mayor parte del tiempo. No fue hasta que se instaló en Barcelona y comprendió que podía llegar a China en bus, que fue consciente de ser de una isla y lo que eso implicaba.

Y implica muchas cosas. De entrada, que por mucho que Mallorca haya estado en contacto con el exterior, o precisamente porque siempre hemos sido tierra de paso, a la vez en medio de todo y lejos de todos, aquí hemos desarrollado una manera peculiar de relacionarnos con el resto del mundo y entre nosotros, un modo de ser que ha dejado huella, obviamente, en nuestras canciones, pero también en los floridos nombres que hemos puesto en nuestros hoteles -un folclore que Joana celebra en “Jota dels hereus”.

En Paradís las canciones dialogan entre ellas, se hacen preguntas y se contestan, de una punta a la otra de un trabajo que es una sola pieza y muchas a la vez: un archipiélago. El trabajo de Laia Vallès brilla precisamente por su inagotable imaginación, permitiendo que resuenen a lo largo del álbum de Bon Iver Alan a Lomax y Chopin haciendo que parezca que nunca ha habido demasiada distancia entre ninguno de los tres, un nuevo e insospechado archipiélago. Porque en Paradís todo es posible: desde los haikus mínimos y delicados («No tenim mapes»), pasando por el sibilismo apocalíptico («Els ametllers”, «Deliris») y los divertimentos insolentes («Dianita»), hasta llegar a la belleza arrebatadora de «Si mir la mar» o «Ses aigües són salades», que podrían ser dos tonadas mallorquinas de toda la vida pero también la prueba de que hay vida -y mallorquines- en Marte.

Porque en Paradís sobre todo hay un esfuerzo constante para responder a la pregunta de quiénes somos, qué nos ha hecho así y si podríamos haber sido de otro modo; y si hubiéramos sido de otro modo, ¿cómo serían nuestras canciones?

El veterano periodista mallorquín Miquel Cardell suele decir que en cada generación de músicos siempre aparecen los que sienten la necesidad de volver a las viejas tonadas de toda la vida, reconectarse al pasado y actualizarlo persiguiendo una pureza imposible; que, en cierto sentido, en toda generación hay una Maria del Mar Bonet. Con Folk Souvenir era fácil pensar que Joana Gomila podía ser aquella voz, que estaba destinada a ser aquella artista que uniera pasado y presente. Pero Paradís lo cambia todo y da una nueva dimensión a su música, haciendo patente que su objetivo nunca ha sido el pasado, ni siquiera el presente, sino el futuro; evidenciando que Joana es otra cosa: una nueva isla buscando crear nuevos archipiélagos. Como todos nosotros.