Emea – Fill

Vinilo y digital | Octubre 2019

Pocos hitos definen de manera más precisa y radical el paso a la edad a la adulta que la muerte de un padre o el nacimiento de un hijo. En el caso de Miquel Alzanillas, el productor que se esconde tras Emea, ambas cosas coincidieron en el tiempo: su padre moría, tras una larga enfermedad, pocos meses antes de que naciera su primer hijo, mientras en paralelo paralela daba los toques finales a su primer larga duración, que inevitablemente acabó convirtiéndose en una especie de corolario de los claroscuros de una época en que la pérdida y el duelo convivían con la mayor de las alegrías. Ambos hechos encuentran su reflejo en el título del álbum, Fill («Hijo», en catalán), tan corto como lleno de resonancias.

Nacido en Felanitx, Mallorca, en 1985 y a pesar de su juventud, Emea ha convertido en una de las figuras más importantes y relevantes de la reducida pero excitante escena electrónica isleña, un cartel que comparte con compañeros de generación y comarca como Defled, Mantoshit o Synteck, todos ellos parte de una quinta de productores que sacudió la escena local desde el Migjorn mallorquín.

En todo caso, Emea siempre comió aparte: de todos ellos era quizás el menos comercial, el más alejado de la pista, siempre con un pie en la instalación sonora. Esta vocación explica que siempre haya encontrado cómodo en el terreno teatral -ha colaborado en los espectáculos Laberinto (2013), Fuga (2014), Jonás (2015) y 78 Diumenges (2017)- o que Agoria lo considerara, en sus inicios, demasiado «border community» (sic) como para publicar nada sede en Infiné.

Quien sí se interesó por su trabajo, tras publicarle una remezcla de Men With A Plan, fue el sello Partapart, que en 2013 le publicó su primer EP, Mountains & Emotions, con remezclas de Sau Poler, Defled y Men With A Plan.

Pero desde entonces, Alzanillas decidió retirarse discretamente para reformular su sonido, poniendo en duda los mismos fundamentos de todo lo que había hecho hasta la fecha, duplicando la autoexigencia y reconstruyendo su discurso casi desde cero.

El resultado de este proceso son los tracks que forman parte de Fill, su debut para Bubota Discos, que muestra su cara más madura, personal y visceral. Inspirado en los sonidos orgánicos del jazz y el paisajismo sonoro del ambient, Emea da forma a una colección de temas donde la introspección es tan importante como la recreación de un horizonte imaginario donde todo es posible y la belleza se enlaza íntimamente en un ciclo de creación/destrucción constante. Aquí resuenan los viejos y los nuevos dioses: Brian Eno, William Basinski, Nosaj Thing …

Pero más que un disco, Fill es un proceso vital de aprendizaje, un diálogo sin una conclusión clara pero donde se puede adivinar una verdad crucial sobre todo lo que le ha dado origen. Una idea abstracta, no textual, pero que cualquiera puede entender y que, como la paradoja de enfrentarse a la muerte y a la llegada de una nueva vida todo al mismo tiempo, contiene una mirada íntima y universal.

Y es por eso que Fill trasciende los límites de su propio género y está llamado a convertirse en uno de esos trabajos que más que un gran disco de electrónica es un gran disco en general. Emea ha creado algo realmente especial. Aún no se sabe bien qué, pero cualquiera que lo escuche lo entenderá: Fill es otra cosa. Algo más allá. Como la vida, como la muerte.